Cómo crear relaciones sostenibles para vivir en comunidad
Imagen original del centro del Instituto Paititi en la selva, 2012
No hay nada que nos resulte más significativo, ni a nosotros ni a las demás personas que hacen del Instituto Paititi su hogar, que vivir en una comunidad sostenible dedicada a la transformación personal y a la sanación de los paisajes interiores y exteriores.
El Instituto Paititi para la Preservación de la Ecología y la Cultura Indígena nació en 2010 de un compromiso centrado en el corazón con la visión idealista de que nuestra familia humana global puede encarnar colectivamente una existencia armoniosa, simbiótica y gozosa junto a toda la vida en la tierra. Los linajes de sabiduría indígena que portan la sabiduría milenaria de la humanidad han sido nuestra luz guía para recordar, encarnar y compartir ejemplos holísticos de una vida regenerativa.
Desde el principio resonamos hondamente con que debíamos “ser el cambio” si alguna vez queríamos hacer realidad una visión así para toda la vida. Al comienzo abordamos la manifestación de esta visión con cierta ingenuidad y algunas ilusiones románticas. Poco sabíamos que vivir en comunidad con otros seres de corazón afín, reunidos en una resonancia compartida, nos daría tantas oportunidades desafiantes para poner en práctica nuestra evolución personal.
Cierre de un retiro en nuestra Reserva Santuario Andina, 2015
Por supuesto, a lo largo de este camino hemos vivido muchos más momentos luminosos que arduos; aun así, hemos aprendido que es inevitable que surja el conflicto en un entorno comunitario y que a menudo encontramos en el grupo un reflejo de nuestra luz y de nuestra sombra. Esos desafíos interpersonales han sido bendiciones disfrazadas y maestros poderosos para todos quienes los hemos atravesado hasta el final, porque enfrentarlos y abrazarlos guarda la clave de nuestra verdadera capacidad de aportar beneficio a otros dentro de una visión mayor.
A lo largo de todos esos aprendizajes hemos ido desarrollando, con los años, un conjunto de acuerdos comunitarios. Cuando se ponen activamente en práctica, nos han guiado a transformar el conflicto y el desacuerdo en fricción creativa, que alimenta la evolución personal y colectiva y también un vínculo más hondo. Estos acuerdos viven y respiran junto a nosotros, y estoy seguro de que seguirán evolucionando a medida que nosotros lo hagamos. Nos anima compartir algo de lo aprendido y te invitamos a ver cómo puede beneficiar también tu vida…
Acuerdos de la comunidad Paititi:
1) Hazte cargo de tu propia experiencia y respeta la de los demás.
Este acuerdo esencial contiene dentro de sí a todos los demás e invita a cada persona de la comunidad a asumir una mirada empoderada (en lugar de una postura de víctima) en la vida y en los vínculos. Hacernos cargo de nuestra experiencia personal significa comprender que la nuestra y la de los demás pueden no ser la misma. Algunas técnicas sencillas que nos ayudan a relacionarnos desde ahí son:
Habla desde el “yo” y no desde un “nosotros” general. Hablar así permite un espacio de relación más profundo y auténtico, y al mismo tiempo evita suposiciones o proyecciones sobre los demás.
Nada de avergonzar ni de hacer que otros estén equivocados. Nadie es receptivo cuando se le dice que está equivocado, y seguimos la perspectiva de que no existe lo “equivocado”. Existen, más bien, la sabiduría y la ignorancia. Donde lo equivocado nunca puede volverse correcto, la ignorancia sí tiene el potencial de volverse sabia. Cada situación y cada experiencia son un ladrillo del crecimiento evolutivo.
Trabaja para separar tus observaciones y tus sentimientos de las proyecciones y los relatos que surgen de ellos. Muchas desarmonías empiezan simplemente por construir historias a partir de observar solo una pequeña parte de una situación mayor. Nuestra mente tiende a rellenar los huecos, y ayuda mucho entender que nuestras historias son eso: historias. Puede que no sean ciertas.
Cultiva la curiosidad en lugar del juicio: tener juicios sobre alguien o algo es una forma cerrada de estar. En cambio, preguntar desde una curiosidad genuina por qué alguien actúa o está de cierta manera abre una oportunidad para comunicarse mejor y comprender más hondo.
2) Sé transparente. Sin esconderte.
Reserva Santuario Andina del Instituto Paititi
La transparencia implica encarnar cualidades de apertura, receptividad y vulnerabilidad mientras se cultiva la consciencia. La consciencia es la medicina principal, y para que haya resolución es esencial reconocer primero que existe siquiera un problema. Ante todo, esto se refiere a ser transparente con uno mismo y a elegir ver toda la retroalimentación externa que nos llega como reflejos de nuestro mundo interior. Cuando algo nos perturba, lo primero que preguntamos es: “¿En qué es esto un reflejo de mí? ¿De qué manera soy yo así? ¿Me perturba porque esta persona refleja algo que no quiero mirar en mí?”. Algunas reglas adicionales:
Nada de chismes (hablar de otros indirectamente en tono negativo, desahogándose o quejándose). El chisme nunca resuelve nada. Solo crea un drama innecesario que distorsiona la realidad. Es responsabilidad de todos no chismear y también señalarlo cuando otros lo hacen.
En su lugar, ve a la fuente de tu perturbación: nuestras propias emociones perturbadoras. ¿Cuál es la fuente real de nuestras emociones y cómo podemos canalizar esa energía sin quedar dominados por ella ni herir a otros? Esta exploración nos permite acercarnos al detonante externo directamente, desde una perspectiva asentada, compasiva y curiosa. Si hace falta apoyo, la mediación puede ser de gran ayuda.
No temas la confrontación. Los desafíos son la materia prima de nuestro crecimiento, y enfrentarlos de forma asentada permite la evolución colectiva.
Sé abierto con los demás sobre tu proceso y tus dificultades, sobre todo cuando afectan a otras personas.
3) Vive en integridad y hazte 100 % responsable.
Entrar en integridad es un proceso de alinear los propios pensamientos, palabras, acciones y sentimientos. Cuando una comunidad asume unánimemente el 100 % de la responsabilidad por todos esos aspectos de nuestro ser, se crea un espacio empoderado e inspirado.
Céntrate en las soluciones, no en los problemas. Si puedes verlo, puedes resolverlo, y la única manera de aportar un beneficio real es con el ejemplo propio. Arreglar cosas es divertido y alegra a los demás; quejarse crea desarmonía y discordia.
Date cuenta cuando generas un desorden y recoge lo tuyo, sea energético o físico.
Sé honesto y repara. Cuando salgas de la integridad, hazte responsable de ello y sé honesto contigo y con los demás, reparando como corresponda con quienes se hayan visto afectados. Un reconocimiento sincero devuelve a la persona a su integridad.
4) Honra tu verdadero ser.
No es posible estar al servicio ni aportar beneficio a otros si uno no se cuida a sí mismo, especialmente en las necesidades básicas de nuestro organismo humano. No des por hecho que los demás pueden leerte la mente: comunica tus necesidades para que la comunidad pueda sostenerse mutuamente.
Es esencial reconocer que puede haber una diferencia entre lo que quiero (desde el condicionamiento) y lo que necesito para florecer y realizar todo mi potencial humano. Cuando uno se desintoxica, a menudo ansía justo aquello que está soltando.
5) Practica la presencia contigo y con los demás.
“El verdadero maestro es un principiante en cada momento.” A medida que acumulamos experiencia de vida, puede volverse cada vez más difícil sostener la mente del principiante. Nos comprometemos a practicar la presencia con nosotros mismos y con los demás, escuchando de forma activa por mucho que creamos saber ya sobre lo que se está compartiendo. Cultivar la presencia es, por sí solo, todo lo que hace falta para resolver y evitar la desarmonía, y es el mayor apoyo que alguien puede dar a otro ser y a la comunidad entera.
6) Toma la iniciativa e implícate.
Construyendo nuestro centro andino, 2014
Cada persona de la comunidad toma la iniciativa de implicarse plenamente en los proyectos y las reuniones comunitarias, así como en su propio crecimiento y desarrollo. Depende de cada quien beneficiarse de su experiencia de vida, y nadie puede recorrer tu proceso evolutivo personal por ti. Cada persona se compromete a servir de inspiración y ejemplo, y a ser el cambio en el mundo.
El camino de crear un contenedor sostenedor y empoderado para que florezca una comunidad consciente nos ha dado mucha más comprensión y compasión ante todos los conflictos del mundo. Hemos podido cultivar una conciencia compasiva más honda al ver de primera mano cómo, incluso en un espacio de seres pacíficos que comparten una visión del mundo afín y un camino espiritual parecido, el conflicto, la tensión y el drama siguen apareciendo. El hermoso regalo que hay en esto es que la resolución empieza desde adentro.
Más que formulaciones conceptuales, estos acuerdos son la expresión de una frecuencia elevada de consciencia que nos ha sido transmitida por los linajes ancestrales de la humanidad. Ponerlos en práctica ofrece un formato y un contenedor para aplicar nuestra práctica y nuestra visión espiritual formal a cada momento de la vida. Cuando el esfuerzo de todos trabaja en conjunto para sostener este campo, cada paso de nuestras vidas se llena cada vez más de comprensiones significativas, compasivas y gozosas sobre la esencia de la naturaleza humana, que podemos compartir en abundancia unos con otros, siendo las ondas de consciencia que somos.
Si esta forma de vivir te resuena, hay muchas maneras de participar:
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Cada paso es una manera de encarnar estos principios en acción.